miércoles, 9 de enero de 2013

16.- ¡ALBRICIAS! POR EL TRIUNFO DE UN BUEN AMIGO




¡ALBRICIAS ¡ POR EL TRIUNFO DE UN BUEN AMIGO

Ignacio Mª Domínguez


Siempre produce gran satisfacción enterarse  de que una persona mirobrigense consiga algún premio, condecoración o reconocimiento al participar en alguna exposición, convocatoria o concurso local, provincial o nacional; máxime si tal  premio recae en persona amiga y muy cercana durante toda una vida desde que éramos niños. Este es para mí el caso del ganador del primer premio obtenido en el concurso del cartel de carnaval de Ciudad Rodrigo 2013: José López Hernández. (Aflora al respecto en mi memoria un recuerdo muy significativo: en el curso 1938-39 fundamos un equipo de fútbol con sede en la famosa calle Correo Viejo con el nombre de Imperio C. F. en que él, Pepín, era el tesorero y yo el capitán. Algún día hablaremos de esta calle y su placita, escenario de gran actividad lúdica de la grey infantil y juvenil de nuestro tiempo).
Estimo que es buen momento para dar a conocer algunos datos de su apretada y fecunda biografía dedicada al arte que nos llevará al mejor conocimiento y estima de este paisano. Su afición, desde niño, al arte del dibujo desembocó en una verdadera y fructífera vocación transmitida por su hermano Eugenio que era un magnífico dibujante, desgraciadamente malogrado al fallecer muy joven (33 años). La contemplación constante al ver los maravillosos dibujos salidos de las manos de su hermano Geño, determinaron su dedicación apasionada a la vida del arte. Primero en Ciudad Rodrigo en aquella famosa Escuela municipal de dibujo que tanto frutos consiguió en épocas de “vacas flacas”. Allí aprendió las técnicas del dibujo y posteriormente también en Ciudad Rodrigo las técnicas de la acuarela. Ya entonces por los años 1946-47 en la exposición provincial de Educación y Descanso obtuvo el primer premio de acuarela. El primer premio de dibujo y el tercer premio de óleo.
El cumplimiento del servicio militar le lleva en 1947 a Asturias. Allí comenzó después su vida laboral en la Sociedad Hullera española de minas de carbón; sus conocimientos del dibujo facilitaron su  ingreso en la oficina técnica y a continuación obtuvo el título de Delineante Proyectista; a mediados de los 50 estudió topografía, profesión equivalente a Ingeniero Técnico de Topografía que ejerció hasta su jubilación (1997).
Actividades y Premios:
Ejerció como profesor en la academia de Santa Eulalia, autorizada para bachiller, en UJO (Asturias) y posteriormente le fue ofrecida, cuando se creó el Instituto de Segunda Enseñanza en Mieres, la plaza de profesor de dibujo que no pudo aceptar por no disponer ya de tiempo para ello. Por entonces se dedicó más al dibujo y a la acuarela que al óleo creando varias obras de Asturias tanto de sus grandes paisajes de montaña como de mar.
Muchos han sido los premios obtenidos a lo largo de su carrera artística. Resumiremos:  En el concurso sobre el cartel del Carnaval de Ciudad Rodrigo obtuvo en varios años seguidos (1983-1984-1985-1986) el primer accésit y por fin el primer premio de este año 2013.
En una exposición monográfica presentada en el Porvenir de Ciudad Rodrigo (fiestas de Agosto 2001) expuso sobre el tema “Toros y caballos” con muy buena acogida, superando la venta en más del 50 % de los trabajos presentados.
En el segundo concurso de pintura del Ayuntamiento (1984) fue recomendada la adquisición  de una acuarela de la portada de la Iglesia de la Caridad (actualmente está colgada en el despacho de recepción de la Casa de Cultura) y siguen los premios: primer premio carteles para la fiesta de San Juan en Mieres y mención especial en el concurso para el Congreso Nacional de acción Católica.
Año 1960 primero, segundo y cuarto premio en un convocatoria de Seguridad e Higiene en el trabajo de las minas.
No acaba aquí la relación de premios que ha conseguido nuestro paisano que cortamos en gracia a la brevedad. Pero no nos  resistimos a la publicación del magnífico dibujo a pluma de  la fachada meridional de la Catedral de Ciudad Rodrigo que en la portada  de las cadenas presenta en estilo románico a Cristo flanqueado por los cuatro evangelistas y encima, en un gótico titubeante a profetas y reyes en número de doce, cobijados por hornacinas de arco apuntado y separadas por columnas que rematan en espléndidos capiteles.
A la vista de la relación general expuesta de su gran personalidad estimamos sería muy oportuno, para el conocimiento completo de nuestro artista y disfrute de sus paisanos, intentar una exposición general de la obra en dibujos, acuarelas y al óleo, que pudiera ofrecer el autor cuya aceptación me permito suplicarle, en nombre de nuestra vieja amistad. Brindo también, desde aquí, a nuestro Ayuntamiento para que, a través de su Concejalía de Cultura patrocine y organice dicha exposición para lo cual ofrecemos también nuestra modesta colaboración.

viernes, 21 de diciembre de 2012

15.- CONTESTANDO A MIGUEL CID




CONTESTANDO A MIGUEL CID CEBRIAN

Ignacio Mª Domínguez


Celebro que alguno de mis últimos artículos, publicados en nuestro caro semanario sobre la Guerra de la Independencia, haya producido en Miguel Cid, mi amigo y también mi alcalde (1983-1991) esa profunda emoción que tan bien describe en su artículo que aparece en La Voz de fecha 16 de noviembre pasado, trasladándome, generosamente, en su propio titular el testimonio de su gratitud que estimo en todo su valor.
Querido Miguel: hay en tu artículo una frase muy interesante referida a nuestras antiguas actividades-no siempre cumplidas por los políticos-, que, al menos por lo que  mí personalmente concierne, tengo asumida y conciencia de haberla observado a lo largo de toda mi ya larga vida. Así escribes: “Creo que nuestras ideologías quedaron superadas por el amor a Ciudad Rodrigo y por conseguir momentos significativos a la altura del prestigio de nuestro pueblo”. Otra cosa, Miguel, es la valoración de nuestras acciones y el mérito atribuible a su resultado. Yo poseo mi código de valoración de méritos recibido y adoptado por una valiosa lección recibida allá por el año 1947 del eminente canonista profesor en nuestra universidad de Comillas, el jesuita P. Regatillo (quizá te suene dadas tus relaciones con el Derecho). El estado le había concedido a través del Ministro de  Justicia Fernández Cuesta la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort y ese día se le imponía la condecoración. El esplendoroso paraninfo de la universidad, abarrotado de autoridades civiles, eclesiásticas, claustro, alumnos, etc., era testigo de la ceremonia. Hubo discursos ensalzando los incontables méritos del “más ilustre de los canonistas contemporáneos” y “consultor del Papa en la Santa Sede”.
Sobresalió entonces el discurso del Nuncio apostólico que ostentaba la representación del Supremo jerarca de la iglesia, dueño y señor efectivo, entonces, del seminario y universidad de Comillas. Leyó un radiograma del Papa firmado por el entonces Secretario de Estado Cardenal Montini que, por respeto, fue escuchado en pie por todos los presentes; y llegó por fin la intervención del P. Regatillo. Da gracias a todos: al Papa, al Estado español, etc. pero sobre todo “a Dios nuestro señor de quien desciende todo bien”. La leyenda de la insignia dice “In iure merita”, pero él dice a Dios con los soliloquios de San Agustín: “Qui enumerat Tibi mertia sua, quid aliud enumerat nisi MUNERA tua? Es decir que renunciaba al mérito que todos le atribuían para referirlo exclusivamente a un regalo (munus) de Dios. Es una frase que denuncia en él la posesión de esas dos grandes virtudes, la fe y la humildad tan infravaloradas hoy, lamentablemente, en gran parte de nuestra sociedad. No te extrañará, querido Miguel que esta actitud ejemplarizante nos haya “marcado” como programa para toda una vida.
Esta filosofía Agustiniana se entronca justamente en la doctrina evangélica de aquella hermosa parábola de los talentos (M.t. 25.30). Podríamos realizar una amplia exégesis de esta parábola alegorizante, es decir figurativa y simbólica. Pero se alargaría en exceso este escrito y ya sabes que a nuestro Director Pepe Casamar no le gustan los artículos excesivamente largos… pero si te confesaré que este texto evangélico me ha producido siempre una honda preocupación ante la duda de si habré administrado bien los talentos que me hayan sido concedidos en el reparto. Desde luego lo he intentado; por supuesto no los he enterrado… y en esa lucha ando máxime ahora al atardecer de la vida en que me encuentro.
Y termino querido Miguel, dedicándote con todo afecto un pequeño obsequio navideño que espero disfrutarás. Estamos en tiempo de Adviento, es decir, esperando la conmemoración del suceso más importante de la historia de la humanidad: la Redención del género humano que se inicia con el Misterio gozoso de la Natividad o nacimiento del Redentor. Toda la cristiandad ecuménica se felicita y hermana, en estos días, con los mejores deseos de paz, felicidad y ventura (¡que bonito!) que yo, también aprovechando la proximidad de la Pascua te los transmito familiarmente, es decir de familia a familia, envueltos en un soneto alusivo a la Navidad de nuestro común y admirado que fue, amigo y poeta Jesús Rasueros. Una joya de filigrana poética y hondo contenido teológico que recuerda e incluso emula a otros grandes poetas que trataron, con éxito, este tema: Góngora, Lope de Vega, Gerardo Diego, etc


TAUMATURGIA


El Portal, es palacio, en rubio trigo;
la pluma del Arcángel, tornadera
y noche de Diciembre, a sol de era,
con un cielo de mundos, por postigo.

El incendio de amor, habla de abrigo;
la fragancia sutil, de primavera
y un sol ha levantado, su palmera,
para, en morse decir: “Venid conmigo”.

Nadie volvió a escuchar, tan regio coro;
en timbre tan viril, voces de armiño;
ni instrumentos de luz, con notas de oro.

La estrella: “Gloria a Dios, guiñó en su guiño”.
Y del primer Belén –célico foto-
Dios se hiciera, de barro, el primer Niño.

                                       JESÚS R. RASUEROS

14.- MI GRATITUD A IGNACIO Mª DOMINGUEZ


martes, 20 de noviembre de 2012

13.- JORNADA FINAL CONGRESO GUERRA DE LA INDEPENDENCIA (1984)



JORNADA FINAL CONGRESO GUERRA DE LA INDEPENDENCIA (1984)

Ignacio Mª Domínguez


Como remate a mis recientes artículos, relativos al Bicentenario, he juzgado oportuno y de gran interés dar a conocer y perpetuar en nuestra Voz de Miróbriga el poema emotivo que el insigne poeta salmantino Jesús Rasueros († 1986) compuso como Ofrenda y despedida al término del primer congreso sobre la Guerra de la Independencia (agosto 1984).
Su origen tiene una pequeña historia. Este poeta, siempre tan interesado por todo lo de Ciudad Rodrigo, había escrito su asistencia al mismo, aprovechando la cual la comisión de la Organización del Congreso, con el alcalde Miguel Cid a la cabeza ya en víspera de la clausura le suplicó su participación en la misma como acto final y que iba a tener lugar junto al monumento a D. Julián Sánchez “el Charro” y en la subida a la muralla desde la plaza de Herrasti, a continuación de la misa coral que se celebraría en la catedral. No solo aceptó gustoso sino que en algún sitio escribió: “Gracias a los organizadores que tuvieron la amabilidad de admitirme al filo de la “hora nona” y al alcalde del Excmo. Ayuntamiento, ya que en prueba de confianza en mis posibilidades y de amistad me designaran, sobre la marcha, para cerrar el acto de clausura ante el monumento de “el Charro”. Fineza por la que he quedado enormemente agradecido a mi buen amigo Miguel Cid.”
Teniendo en cuenta la condición de gran parte del auditorio hubo que hacer una versión en inglés que se repartió entre los asistentes, para mejor comprensión del poema y para el recuerdo. Lo hizo con suma urgencia Angélica, la esposa de José Enrique de Uhagón Foxá, familia benemérita de Ciudad Rodrigo por sus muchos servicios. Precisamente en aquella ocasión pusieron, desinteresadamente, a disposición del Congreso su monasterio de la Caridad, como lugar histórico donde se celebró gran parte del congreso y donde por cierto D. José Enrique de Uhagón desarrolló una interesante comunicación que llevaba por título: “La Caridad durante la Guerra de la Independencia”. (Aprovechamos este momento para reiterar a esta querida familia en nombre de nuestro pueblo el testimonio de nuestra gratitud).
Tras un contacto, intenso y creativo del vate con su musa, se produjo el alumbramiento de esta preciosa criatura

OFRENDA Y DESPEDIDA


Hemos llegado al fin y en esta cima
del adios compartido,
tras revivir la historia a borbotones,
de la guerra y los sitios;
de tener, en los labios del presente,
como un sueño infinito,
los brotes del ayer, en el milagro
de que estos ojos limpios
contemplen, con el pulso de la vida,
los hijos de los hijos
de Wellesley, Clauzel, junto a Massena
y Andrés Pérez de Herrasti, ornando el hito
que erigiera el valor de todo un pueblo
para el Charro de pro, que fue caudillo.
Cabalgador eterno de la piedra
en ronda vigilante ¡ Qué prodigio!
les ves juntos aquí, sin elegía.,
vencedores, vencidos
por el amor que allana los collados
y florece de rosa los espinos.
Polifonía de diversas voces
que,  en un canto de paz, se hicieron nido,
para que solo mil palomas blancas
ayunten catedral, foso y castillo.
¡Guerrillero! Sujeta tu caballo.
¿Oiste lo que han dicho los doctos de la Historia,
que el pisar de tus huellas han seguido?
Reviven la lección que te dio hechura
y  al rendirte tributo en el mutismo
del tiempo que corroe, impenitente:
“¡Descabalga!” es su grito.
“No hace falta que sigas tras la honra,
que hoy la justicia de los eruditos,
aquella que fue pálpito del pueblo,
y te negaron, torpes, los políticos”.
“Lo escuchas en francés, el mejor lauro,
también en Portugal lo hemos oído
y en el inglés del Reino y las Américas,
al paso de dos siglos”.
¿Quién les podrá pagar tal galanura?
Venir es sacrificio
y han cortado unas flores en recuerdo
de tantos heroísmos,
como en la entraña viva de la Historia,
celas Ciudad Rodrigo.
¡Qué pobres son mis versos
Para decir: “¡Adios, adios amigos!”

Un somero análisis de este texto detenta nuevamente la estima de aquellos altos valores que en anterior escrito habían ensalzado con sincero testimonio altos personajes. Vuelven a quedar patente: La amistad, el heroísmo, la paz, la justicia, etc.
Por otra parte, solo este broche de oro del congreso justificaría, sobradamente, aquellas duras reivindicaciones mediáticas y políticas que hubo que librar en los años ochenta, para conseguir que los restos de “nuestro” D. Julián Sánchez “el Charro” reposara definitivamente en su sitio:
CIUDAD RODRIGO




lunes, 5 de noviembre de 2012

12.- EPISODIO MIROBRIGENSE (II)



CONSIDERACIONES EN TORNO AL EPISODIO MIROBRIGENSE SOBRE LA INDEPENDENCIA    (y II)

Ignacio Mª Domínguez


Si reflexionamos sobre la heroica defensa de la plaza de Ciudad Rodrigo descubriremos un doble y profundo sentimiento, religioso y de independencia. Estos dimanaban, espontáneamente, de la Junta de Armamento y defensa de Ciudad Rodrigo, que se había constituido en 1810 ante la proximidad de las tropas francesas y que integró en su seno a los representantes de los tres estamentos que componían entonces la sociedad: Religioso, Militar y Civil. La presidía el gobernador militar de la plaza (General Herrasti) y varios militares. Le seguía el obispo Fray Benito Uría, con canónigos, beneficiados, párrocos, Priores de los conventos que había entonces en la ciudad y el Regidor de la ciudad con personal civil. En total 35.
Movidos por la fe y el sentido patriótico, la guarnición entera luchó contra el ejército más poderoso de la época repitiendo otras batallas libradas por idénticos ideales.
Solo tras una resistencia heroica mantenida durante 75 días y agotados todos los recursos bélicos y económicos, se produjo la capitulación; que no se extendió por escrito con las formalidades de costumbre sino solo bajo la garantía de la mano y la palabra de honor que dio de ella al Gobernador Herrasti, el Mariscal Ney en presencia de sus generales, el Estado Mayor y jefes de la plaza. Una de las dolorosas condiciones de esta capitulación era que los defensores serían conducidos  a Francia en calidad de prisioneros.
Conquistada la plaza por los franceses, no se comportaron tan mal éstos con el estamento militar (Herrasti y sus oficiales) pero sí con las personalidades eclesiásticas de la junta de defensa. En su historia Mateo Hernández Vegas (Tomo II capítulo XXVIII, página 335) describe minuciosamente la saña y vejaciones con que fueron tratados: encarcelamientos, destierro, humillaciones con la designación de nuevos prebendados nombrados por el intruso rey José, etc. Resumiendo: La clerofobia gala.
El estado en que había quedado Ciudad Rodrigo lo describe Masena cuando entra en la plaza y afirma “No puede formarse idea del estado en que ha quedado Ciudad Rodrigo. Todo yace por tierra y destrozado; no hay una casa intacta”.
Los máximos representantes de la junta: Herrasti, D. José María del Hierro y Don Julián Sánchez, sufrieron en mayor grado las consecuencias de su valerosa actuación reconocida incluso por los vencedores.
Las Cortes de Cádiz expidieron un decreto el 30 de junio de 1811 con seis puntos que conformaban un sensato programa de restauración material y moral de la plaza y sus heroicos defensores.
Quizá por incomprensible incumplimiento de algún punto del decreto o por alguna otra causa, el caso es que hemos encontrado testimonios que denuncian el posterior abandono y olvido de todos por parte de la administración.
José Ramón y Laca en su obra EL GENERAL PEREZ DE HERRASTI (Capítulo VII) habla de la repatriación en lamentable estado físico y moral de Herrasti, obligado a una depuración humillante de la que salió reforzado y no obstante este injustificado maltrato y falta de aprecio del mérito contraído por el ínclito general en la defensa de Ciudad Rodrigo se impone la verdad y se restablece la justicia rehabilitándolo el rey Fernando VII en su empleo y el ascenso a Teniente General.

D. Julián fue ascendido a brigadier y terminada la guerra se le concedió “Un sable de honor” pero -dice Pereira- aparte de esta honorífica distinción no volvió a merecer ascenso ni merced real. Herrasti murió en Barcelona siendo gobernador militar y político de la ciudad condal. Pero las solicitudes que ambos habían tramitado de otras concesiones, no fueron atendidas y si concedidas a otros con méritos inferiores. Sin embargo el Rey de Francia le concedió la condecoración de la Orden de Lis en base a su ejemplar defensa de la plaza.
En 1888 en el semanario “La Voz de la Frontera”, con motivo de la visita de la Infanta Isabel a Ciudad Rodrigo, invocaba su positiva influencia, encaminada a conseguir una era más feliz para nuestra abatida ciudad. Y le recuerda: “Ciudad Rodrigo vive hoy sufriendo las graves consecuencias de ser plaza fuerte pero sin disfrutar, por lo desatendido que está, de un pueblo fortificado y militar”. Y le dedica este sentido soneto anónimo

A MIROBRIGA

Derrumbado coloso de grandeza
que duermes olvidado de la historia,
rincón donde se guarda la memoria
de los héroes de insigne fortaleza.
Emporio en otro tiempo de nobleza
que coronó el laurel de la victoria,
pueblo leal cuya preclara gloria
empieza allí donde tu nombre empieza.
Hoy, que pisando el polvo ennegrecido,
tu recinto recorre ilustre dama,
un instante no más sal del olvido
para mostrarte digno de tu fama.
Fiel a tus Reyes en la historia has sido;
despierta pueblo, tu lealtad te llama.

Pereira en la Iberia (1910)se expresa así:  “…que Herrasti en prisión de Macón, como Don Julián en Salamanca y en Etreros y tantos otros honraron y enaltecen el nombre de la patria tuvieron también sus días de amargura y tristezas merced a la ingratitud de los hijos de esa patria a la que honraron con sus sacrificios y heroísmos”. Y al final de este artículo en el propio ejemplar de su puño y letra añade esta terrible frase: “Que por una paradoja inexplicable va siendo ya axiomático en esta tierra de la proverbial hidalguía que sea la ingratitud y el olvido la obligada recompensa de los grandes héroes.
En el himno a Ciudad Rodrigo hay un texto que dice: ¡Oh! Miróbriga augusta no llores  de la patria el ingrato desdén.
Por su parte el ayuntamiento de Ciudad Rodrigo ha sabido valorar la gesta heroica de sus ancestros en aquellas fechas. Y le ha dedicado ininterrumpidas conmemoraciones y monumentos como escribíamos en anteriores artículos. Asimismo varias calles de la ciudad  están rotuladas por los representantes de aquella lucha sin igual: Pérez de Herrasti, José María del Hierro, Julián Sánchez, Deán Aparicio, Ciego sabino, Lorenza Iglesias, etc.